Mi delito fue… Echarme un rapidín en Recursos Humanos

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Por: @_Robame

No sé cómo sea en otras, pero en mi oficina las cosas se ponen candentes en pleno invierno.

No estoy para contarles y menos para que ustedes lo sepan, pero fue un suceso digno de contarse. El joven de Recursos Humanos, que por cierto estaba hecho todo un bombón, fue el pretexto justo para conocer las nuevas medidas que se tomarían para el siguiente año en la empresa, ya saben por los ya tradicionales ajustes laborales que se realizan cada que inicia un año.

Digamos que esta labor de investigación no me costó ni un poco de trabajo, porque además de que siempre he tenido facilidad para abrirme a los demás,  pues el tipo que me resolvería las dudas está bien dado y pues que me lo doy… alguna recompensa debe tener el trabajo ¿no? Eso pensé.

Así que un día aprovechando que muchos estaban de vacaciones, por aquello del fin de año,  que le hago una visita en su oficina, todo muy casual. Comenzamos a platicar de los ajustes que habría en la empresa y pues que me entero que dos personas por cuestión de productividad tendrían que ser despedidos.

Al escuchar eso cambié de tema; como que no queriendo comencé a acariciarle la mano. Me senté a su lado y tuve la oportunidad de acercarme.  Le pregunté al oído con una voz súper cachonda qué es lo que habría que hacer para asegurar el trabajo. Me miró atónito. Creí que me tildaría de puta pero no me hice ni un poco chiquita. Ahí estaba yo, con toda mi hormona expuesta en aras de conservar mi empleo. Pero vaya sorpresa… que se enciende… y yo con él porque me di cuenta tremendo paquetote que me dio una revelación “de aquí soy”.

Entre besos y caricias muy intensas me dijo que no me preocupara que mi puesto estaba asegurado, y que los demás podrías arreglárselas con el seguro de desempleo.

Creí haber matado dos pájaros de un tiro: había asegurado mi empleo, conocía quienes serían despedidos y además había saboreado al suculento hombre aquél.

Y reitero. Creí.

A los pocos días se realizó el temido recorte de personal en el cual mi nombre fue el cuarto en la lista leyendo de arriba para abajo. El de RH si me conocía, ni se acordaba. Entonces pensé ¿No que estaba asegurado? Pues ni el rapidín funciono.

Ahora leo anuncios clasificados y lleno mi CV en internet para encontrar un nuevo empleo. Y lo que más me pega, lo que en serio me arde, es que le abrí… todo… a una falsa promesa de trabajo. Y todo pasó, ni chamba, ni seguro de desempleo, ni carta de recomendación y ni novio, porque el mío se enteró y cargó hasta con el perro que me regaló en Navidad.

Así las cosas.

Yo no estoy presa, pero debería, por pendeja.

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